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Como sabemos, la vida tal y como la conocemos en nuestro planeta sería imposible sin una atmósfera que nos rodee y proteja. Así, esta capa de gas protectora se divide en otras capas, con una composición y densidad diferente. Entre ellas destacamos la capa de ozono (ozonosfera), que se extiende desde los 15 km hasta los 50 km aproximadamente por encima de nuestras cabezas.
Su importancia es vital porque nos protege de los rayos ultravioletas que emite el sol, considerados el riesgo principal causante de efectos nocivos en nuestra piel. En concreto, filtra alrededor del 90% de la radiación UV, por lo que gracias a ella, la luz y radiación que llega a la superficie de la Tierra no es letal para los seres vivos.
No nos sorprende pues la creciente preocupación por la buena salud de la capa de ozono, ya que se trata de una cuestión que atañe y preocupa a todos. Y es que en estos últimos años, la capa de ozono había desmejorado tanto que se había convertido en la inquietud principal de los expertos.
Desde su descubrimiento en a principios del siglo XX, la capa de ozono ha sido analizada y estudiada por la comunidad científica. De esta forma, a finales de los años ‘70 se realizaron mediciones en las que se observó una disminución en las concentraciones de ozono en la ozonosfera, sobre todo en la Antártida. Una de las causas principales era la emisión de derivados de hidrocarburos saturados, unos compuestos químicos que se encuentran muy presentes en nuestro día a día (neveras, aerosoles, pinturas,...).
A raíz de esta observación, en 1987 se convocó un convenio para debatir y buscar solución a este gran problema medioambiental mundial. Se firmó el Protocolo de Montreal, cuyo compromiso diseñado para proteger la capa de ozono involucra a 197 países. Su objetivo fundamental era la reducción en la emisión de las sustancias que la dañaban. En 2010 su producción está totalmente prohibida. Y parece que esto ha dado ido sus frutos.
El agujero de la capa de ozono, a día de hoy, ha disminuido y se estima que, en el año 2060 aproximadamente, podría verse reconstituida si se siguen aplicando las regulaciones acordadas hasta la fecha. Parece que vamos por buen camino, ¿no?
Sin embargo, algunos estudios realizados en los últimos años ponen de manifiesto que algunos países no han sido del todo honestos. Según una publicación de mayo de 2018 de la prestigiosa revista Nature, la presencia de los peligrosos compuestos químicos no se ha reducido al ritmo previsto, sino más lentamente. Esto podría retrasar esa recuperación de la que antes hablábamos en unos 30 años, si las autoridades no lo remedian.
Ahora que ya sabemos un poco más sobre la capa de ozono, nos habremos dado cuenta de que su cuidado y conservación son hechos de los que todos los países del mundo son responsables. Si queremos conservar nuestro medio ambiente, nuestra salud y la de nuestros descendientes, debemos tomar consciencia de cuáles son los problemas que existen y exigir respuestas a nuestros gobernantes. Y tú...¿qué legado quieres dejar a las futuras generaciones?